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30 de Agosto

El zoológico de Mario Bellatin - Roberto Careaga C.

Originalmente en La tercera

perro+callejero.jpg Como escritor Mario Bellatin ha desarrollado una de las más arriesgadas narrativas recientes en Latinoamérica. En novelas como Salón de belleza (1994), El jardín de la señora Murakami (2000) y Flores (2000) ha desplegado un mundo perturbador y oscuro, donde la sexualidad siempre es transgredida y los cuerpos mutilados alumbran un punto de la sociedad. Ineludible, sus novelas cortas y fragmentadas tienen la ventaja de terminarse de una sentada.

-¿Qué olor lo lleva a la infancia?

El del estiércol me transporta a mi pequeño zoológico.

-¿Con qué defecto suyo ha sido más persistente?

Las rabietas inmotivadas.

-¿En qué no cree?

En mí mismo...

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26 de Agosto

El backgammon de la vida - FLAVIA COMPANY

Originalmente en babelia

Elizabeth Strout, Olive Kitteridge, Traducción de Rosa Pérez Pérez, El Aleph. Barcelona, 2010.

backgammon_vie.jpg No sería inoportuna la comparación de un tablero de backgammon con Olive Kitteridge, la nueva entrega de la estadounidense Elizabeth Strout (Portland, Maine, 1956) a quien ya conocíamos aquí por su primera y hasta el momento única novela, Amy e Isabelle (Muchnik 2001). En Crosby, la población en que se ambientan los trece cuentos que integran el nuevo volumen, los personajes se mueven como fichas independientes pero interrelacionadas, objetos por igual del azar y de la estrategia, cuyo objetivo es sin duda común: sobrevivir y llegar al final sin ocupar en ningún momento las casillas pertenecientes a los demás. "A veces, como en ese momento, Olive cobraba conciencia de con qué desesperación se esforzaban todas las personas del mundo por conseguir lo que necesitaban. Para la mayoría, era seguridad, en el mar de horror en que la vida se convertía cada vez más. La gente creía que la clave era el amor, y quizá lo fuera" (página 256).

Podría resultar engañoso el título del libro -ya a estas alturas Premio Pulitzer 2009 y flamante Premio de los Libreros de Cataluña y también de los de Italia-: Olive Kitteridge es la antigua maestra de matemáticas de Crosby, que ha impartido la asignatura a varias generaciones, y que conoce a la mayor parte de los habitantes del lugar y sus vidas. Funciona, es verdad, como nexo de las distintas historias que se presentan, aunque a veces de un modo algo forzado, de refilón, casi como para justificar el título y dar al volumen la apariencia de una novela, cosa que a todas luces no es. Esta sería la única y ligera objeción a este espectacular desfile de personajes que por su plasticidad nos catapulta de forma inevitable al mundo cinematográfico y, más concretamente, a películas sobre el desencanto, el coraje y el desconcierto como American Beauty, Little Miss Sunshine o Happiness.

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23 de Agosto

El comienzo de la lectura - Miguel Á. Hernández-Navarro

Originalmente en No (ha) lugar

El-comienzo-de-la-primavera.png Como dije en el post anterior, en mi semana inmersión acuática del verano he seguido con la pulsión lectora del verano. Y allí, por supuesto, allí he disfrutado hasta lo insospechado con El comienzo de la primavera, la novela de Patricio Pron (Mondadori, 2008, XXIV Premio Ciudad de Jaén de Novela), que me ha acompañado los primeros días de estancia. Si hace unas semanas hablé aquí de El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan, y escribí que era el mejor libro de relatos que había leído en todo el año, de esta novela no puedo decir menos. Es el libro que había estado esperando para leer durante mucho tiempo. Audaz y valiente, inteligente, elegante, y trazado con un magisterio al que muy pocos escritores pueden aspirar (menos aún considerando la juventud de Pron). En los tiempos que corren, en los que algunos escritores (y sobre todo algunos editores) menosprecian al lector creyendo que es necesario poner notas al pie para explicar quién es Stephen Hawking (cuyo nombre lo reconoce hasta el procesador de textos, que no lo subraya en rojo) o explicar quiénes son los benedictinos, encontrarse con un libro como El comienzo de la primavera, que requiere un lector atento y que se atreve a desplegar un bagaje conceptual e histórico con la profundidad, seriedad y rigor que lo hace Patricio Pron, acompañado de una de las prosas más sutiles, contenidas y equilibradas que se puede leer hoy, es un motivo de esperanza para el futuro de la literatura.

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22 de Agosto

"Siempre viví varias vidas"

Entrevista de Pablo Gianera a Rodolfo Enrique Fogwill (1941-2010)
Originalmente publicada en la nación

fogwillvive.jpg En cualquier momento de una charla -puede ser en una entrevista o en una comida, no hay diferencia- el escritor Rodolfo Enrique Fogwill canta. Casi siempre canciones alemanas de Robert Schumann o Hugo Wolf. Hasta hace poco, llevaba cargadas en su iPod distintas versiones del Viaje de invierno de Franz Schubert. Bien mirada, esta preferencia musical resultaría en algunos ambientes intelectuales y literarios locales -ajenos casi por completo, y aun refractarios, a esas músicas- más escandalosa y necesaria que sus aparentemente imprevisibles desplantes políticos. "Cuarenta minutos que valieron más que una vida, hoy", dice antes de empezar la entrevista. A continuación, enumera, con la misma precisión que aparece en las especulaciones financieras de sus novelas y en sus columnas periodísticas: " Missa Brevis en do mayor K. 259 , de Wolfgang Amadeus Mozart: catorce minutos y diecisiete segundos. Y la Sonata para violín y piano nº 2 , de Gabriel Fauré: veintitrés minutos y veinte segundos".

Fogwill es acaso el responsable de una confusión que lo implica. Posiblemente, su imagen pública, epítome de la provocación y el descontrol, haya sido cierta alguna vez, quizás en la década de 1980 y también un poco después. Ahora, sin embargo, los horarios, casi de tiempo completo, en los que debe ocuparse de sus hijos, de llevarlos y traerlos de sus clases o del club, vuelven difícil encontrarse con él.

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21 de Agosto

El arte fuera de sí - Néstor García Canclini

Originalmente en lanacion.com

Unknown.jpeg¿Qué está pasando con el arte, cuya muerte se anunció tantas veces, para que en pocas décadas se haya convertido en una alternativa para inversores decepcionados, laboratorio de experimentación intelectual en la sociología, la antropología, la filosofía y el psicoanálisis, surtidor de la moda, del diseño y de otras tácticas de distinción? [...]

Desde principios del siglo XX la sociología mostró la necesidad de entender los movimientos artísticos en conexión con los procesos sociales. Ahora, esa implicación "externa" del arte es más visible debido al creciente valor económico y mediático alcanzado por numerosas obras. Para explicar el fenómeno no alcanzan las hipótesis que postulaban -al igual que se dijo respecto de la religión- que las artes ofrecen escenas imaginarias donde se compensan las frustraciones reales , ya sea como evasión que lleva a resignarse o como creación de utopías que realimentan esperanzas: "una especie de religión alternativa para ateos", según la frase de Sarah Thornton.

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20 de Agosto

Roland Barthes, lector - Andreas Kurz

Originalmente en Apostillas literarias

r-barthes.jpg Los críticos literarios franceses no leen. Parafraseo esta afirmación categórica que figura en uno de los ensayos que conforman el libro Resistencia a la teoría, del teórico Paul de Man cuyo idioma materno –uno entre varios– es el francés. De Man exceptúa a Jacques Derrida. Éste sí lee: a Rousseau y a Lévi-Strauss. Los lee y luego los desconstruye. Los otros no leen: Foucault, Blanchot, Bataille y, por supuesto, Roland Barthes. ¿Qué hace un crítico literario si no lee, ni desconstruye? Una respuesta muy trillada es: se muere. Barthes murió el 25 de marzo de 1980 en París porque no leyó un signo de tránsito. Lo leyó mal. Pero leer mal y no leer son cosas diferentes. ¿Entonces Barthes sí leyó, pero sus lecturas no valen? Quizás sí valen, pero son muy peligrosas. Matan. No matan, sino suicidan. Entonces no son tan peligrosas porque sólo afectan al lector. Según Paul de Man, Barthes no era lector porque nunca hablaba de sus lecturas, sino a partir de ellas de mil y una cosas que no tienen nada que ver con la literatura. La lectura no lo mató. ¡Que viva Barthes!

La lectura muchas veces lo habrá acercado a la muerte, porque Barthes era un buen lector, aunque no el close reader que De Man hubiera podido adorar, con el que hubiera podido formar la academia estadunidense que idolatra a Derrida.

Barthes era un lector arraigado en el mundo, un lector como Bertolt Brecht lo había exigido. Brecht era el escritor que el crítico Barthes había buscado. Barthes necesitaba a Brecht. El más francés de todos los críticos franceses encontró a su doppelgänger en Alemania. Brecht murió en 1956, pocos años después de sus primeros éxitos –de escándalo casi siempre– en los escenarios franceses. Barthes escribe verdaderos himnos sobre las representaciones de la Madre Coraje, los conceptos teóricos del dramaturgo, su empleo de los efectos de distanciamiento, etcétera. Es poco probable que el crítico y el hombre de la práctica teatral se conocieran. Si se hubieran encontrado –en los pasillos de algún teatro parisino, la universidad, alguna recepción diplomática–, el encuentro posiblemente habría sido desastroso para ambos.

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14 de Agosto

El memorable final de una era - Patricio Pron

Originalmente en lanacion.com

doderer.jpgEl 15 de julio de 1927 una multitud enardecida prendió fuego al Palacio de Justicia de Viena tras conocer que tres miembros de una organización de extrema derecha, que el día anterior habían asesinado a un niño en un enfrentamiento con socialdemócratas, habían sido liberados. En la revuelta murieron ochenta y nueve manifestantes y cinco policías y más de mil personas resultaron heridas, pero el saldo más notable de los disturbios de ese día fue la confirmación de que acababa una época y comenzaba otra cuya característica más saliente iba a ser la radicalización de las opiniones políticas, en una espiral de violencia que desembocaría en la anexión de Austria al Reich alemán de Adolf Hitler en 1938. La literatura carece de importancia frente a la muerte de un niño, pero la muerte de un niño no necesariamente carece de importancia para la literatura. Alrededor de esa muerte absurda, y de los hechos trágicos que desencadenó, el escritor austríaco Heimito von Doderer edificó una obra que es la mejor descripción y, al mismo tiempo, el broche definitivo para toda una época. A la altura de los más grandes libros de la modernidad, Los demonios. Según la crónica del jefe de sección Geyrenhoff (1956) narra las peripecias de casi cien personajes cuyas vidas confluyen en aquel incendio. Esta crónica extraordinaria, traducida por primera vez al español, permite descubrir a uno de los autores más relevantes y más injustamente desconocidos de la literatura centroeuropea.

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2 de Agosto

Una fuerza que subyuga sin violencia - Charles Fried

Originalmente en lanacion.com

venezia_1.jpgViajeros, diplomáticos y emperadores que visitaron Venecia comentan su asombro no sólo por su riqueza y magnificencia, sino en particular por su belleza. Los visitantes oficiales pueden apearse en la Piazzetta, entre las altas columnas de San Jorge y el león de San Marcos, y ser llevados por entre el Palacio Ducal y el Campanile de cien metros de alto hasta la extensa Plaza de San Marcos que, según la descripción de un visitante francés anterior, es la más hermosa del mundo. John Julius Norwich describe que en 1574, cuando el rey Enrique III de Valois hizo su entrada oficial en la ciudad a bordo de una pomposa barca incrustada de oro, en los palacios situados a cada lado del Gran Canal pendían tapices de oro y seda bordados con su figura heráldica, y que durante su visita hubo banquetes, desfiles y funciones de gala. Enrique posó para Tintoretto y visitó a Tiziano, que contaba con 97 años; después de escoger a su gusto entre un despliegue de miniaturas expuestas en el palacio de la Señoría, se le concedió un interludio con Verónica Franco, la cortesana más celebrada de Venecia. Norwich también relata que los venecianos tenían otra cosa para demostrar: una mañana, el rey visitó el Arsenal para observar cómo instalaban la quilla de un buque, y esa tarde vio la botadura del mismo buque (arbolado, armado y listo para la guerra).

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